COMPARTIENDO EN LA ¡SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN!

SALMO 67

“Se levanta Dios y se dispersan sus enemigos,

huyen de Su Presencia los que lo odian;

como el humo se disipa, se disipan ellos;

como se derrite la cera ante el fuego, así perecen los impíos ante Dios.

En cambio, los justos se alegran,

gozan en la Presencia de Dios, rebosando de alegría.

Cantad a Dios, tocad en su honor,

alfombrad el camino del que avanza por el desierto,

su Nombre es el Señor: alegraos en Su Presencia.

Padre de huérfanos, protector de viudas,

Dios vive en Su Santa Morada.

Dios prepara casa a los desvalidos, libera a los cautivos

y los enriquece;

sólo los rebeldes se quedan en la tierra abrasada.

Oh Dios, cuando salías al frente de tu pueblo y avanzabas por el desierto, la tierra tembló, el cielo destiló ante Dios, el Dios del Sinaí;

ante Dios, el Dios de Israel.

Derramaste en tu heredad, oh Dios, una lluvia copiosa,

aliviaste la tierra extenuada; y tu rebaño habitó en la tierra que Tu Bondad, oh Dios, preparó para los pobres.

Bendito el Señor cada día,

Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación.

Nuestro Dios es un Dios que salva, el Señor Dios nos hace escapar de la muerte.

Oh Dios, despliega Tu Poder,

Tu Poder, oh Dios, que actúa en favor nuestro.

A tu templo de Jerusalén traigan los reyes su tributo.

Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor,

que avanza por los cielos, los cielos antiquísimos,

que lanza Su Voz, Su Voz poderosa:

“Reconoced el poder de Dios”.

Sobre Israel resplandece Su Majestad, y Su Poder sobre las nubes.

Desde el santuario Dios impone reverencia: es el Dios de Israel

quien da fuerza y poder a su pueblo.

¡Dios sea bendito!”

Este Salmo del “Antiguo Testamento”, forma parte de la Salmodia, que la Iglesia Católica entona en la “Hora Litúrgica de Vigilias”, para la SOLEMNIDAD de la ASCENSIÓN de JESUCRISTO, 40 días después de su RESURRECCIÓN.

Las Vigilias son la Hora Litúrgica del “Oficio Divino”, que es la Oración Oficial y Universal (compuesta de Salmos, Cánticos, Lecturas y oraciones), que la Iglesia Católica celebra –diariamente-, a lo largo de las 24 horas cotidianas, durante siglos y siglos hasta nuestros días, subdividido en: Vigilias o Maitines (por la noche o a la madrugada), Laudes, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas. Cada uno de estos momentos corresponde a distintas porciones de la jornada diaria, santificando así –en la oración de alabanza, petición y contemplación-, la vida cotidiana con y en la Presencia de Dios. Ello lo vivimos y celebramos con palabras (Salmos, Cánticos y Lecturas) extraídos de las mismas “Sagradas Escrituras”. Es decir: rezamos, cantamos y celebramos con, por, desde y gracias a la misma Palabra de Dios, no con palabras y oraciones inventadas humanamente, sino de inspiración divina. Es DIOS quien pone Sus Palabras en nuestro corazón y voz, para que nosotros recemos y cantemos, le hablemos a Él, desde Él y con-por Él, y recojamos orantes la experiencia e Historia humana y salvífica de todos los Hombres y de todos los tiempos, contenidas en esos textos sagrados que recitamos y entonamos. ¡Es DIOS quien REZA con y en nosotros! ¡Su Voz es nuestra voz! En esos Salmos, Cánticos, Lecturas y oraciones, recorremos y hacemos Memoria –actualizando-, esa PRESENCIA de DIOS que obró, obra y obrará siempre con y por AMOR, MISERICORDIA, COMPASIÓN, ESPERANZA, PERDÓN y SALVACIÓN. Todas esas composiciones bíblicas, hechas rezo en el “OFICIO DIVINO”, llamado también “LITURGIA DE LAS HORAS”, van ACTUALIZANDO y RECORDÁNDONOS ese DIOS que SIEMPRE ESTUVO, ESTÁ y ESTARÁ SIEMPRE OBRANDO, aún en “renglones torcidos” o caminos inescrutables, incomprensibles, imposibles, dolorosos, paradójicos y misteriosos.

Al repetir y repetir esos versos, rítmicamente, al pulso de nuestra respiración y torrente sanguíneo, vamos TODOS también –en nuestro íntimo corazón-, recorriendo, rememorando, y reactualizando a este DIOS PRESENTE y OBRANTE AMOROSA y SALVÍFICAMENTE, en nuestra propia vida personal, social, mundanal, histórica y, por supuesto: eclesial. Cuando rezamos la “Liturgia de las Horas” (“Oficio Divino”) estamos ABRAZANDO ORANTES CON y EN DIOS y DESDE ÉL, a toda la Humanidad y a la Iglesia, de ayer y de hoy. Por eso: ¡es la ORACIÓN LITÚRGICA OFICIAL y UNIVERSAL de la IGLESIA CATÓLICA!

Ciertamente, no es la EUCARISTÍA. ¡Por supuesto que no! Pero, justamente, es ese “conjunto” y “capullo” orante el que nos prepara, nos impulsa y nos abre a esa plenitud de PRESENCIA DIVINA OBRANTE que es el Misterio Eucarístico: el CUERPO y la SANGRE de CRISTO PRESENTE y VIVO. De ahí, entonces, que este rezo contemplativo y eclesial de los Salmos, Cánticos, Lecturas y oraciones bíblicos previos, nos hacen tender hacia esa plenitud, buscarla y celebrarla; van abonando el terreno para ello; culminan en la oración y celebración litúrgica eucarística.

Por eso, hoy he compartido este SALMO, en esta Publicación mía acá en mi Blog: porque nos habla de un DIOS VIVIENTE y OBRANTE, que lo TRASCIENDE TODO, lo ELEVA TODO. Un DIOS que SE HIZO HOMBRE y ESTÁ RESUCITADO y GLORIFICADO, por eso está:

¡ALLÁ “ARRIBA”, ASCENDIDO, PLENIFICADO!

Es un DIOS que ha derrotado –al RESUCITAR- a sus enemigos: la MUERTE y el PECADO, que son los “hijos” mentirosos del DEMONIO. ¡El DIABLO es EL ENEMIGO de DIOS, y por eso ODIA A DIOS! Pero en y por JESUCRISTO aquél ha sido derrotado, con sus obras y sus “hijos”. Por y en JESÚS: ¡DIOS TIENE LA ÚLTIMA PALABRA; DIOS ES MÁS QUE EL PECADO, EL DEMONIO y LA MUERTE! Por ello, ¡este SALMO es un verdadero himno de Gloria a DIOS, “COLOCA” A DIOS COMO DIOS, NOS RECUERDA y ACTUALIZA QUE DIOS ES DIOS! ¡ÉSTA ES LA FUENTE, LA RAÍZ, LA CAUSA y LA CERTEZA de nuestra ALEGRÍA, ESPERANZA, LIBERTAD y DIGNIDAD PLENAS!

Me parece un SALMO ¡bellísimo y acertado, y maravilloso para contemplar y rezar y “rumiar” interiormente! para este día de la ¡ASCENSIÓN! Además, porque –en este acto divino y trascendente-, DIOS-JESUCRISTO lo que hace es TRASCENDER y ELEVAR la CONDICIÓN HUMANA, porque ÉL “sube” = trasciende y traspasa, LLEVANDO CONSIGO la NATURALEZA HUMANA en Su PERSONA DIVINA, ¡al seno de la COMUNIÓN TRINITARIA! Gracias a la ASCENSIÓN, ¡el HOMBRE como PERSONA, y por ende TODOS los HOMBRES: ESTAMOS YA “INJERTADOS” EN LA SANTÍSIMA TRINIDAD! ¡JESUCRISTO LO HA HECHO POSIBLE! No es un “lugar” físico ni espacial, sino que es el ESTADO (“morada”) de PLENITUD de COMUNIÓN –POR y EN CRISTO- de CADA HOMBRE de todos los tiempos y lugares. ¡SOMOS, ESTAMOS y EXISTIMOS EN DIOS!

Todo esto, queridos lectores, es lo que celebramos y hacemos Memoria, en esta Solemnidad de la ASCENSIÓN. De esta forma, se entienden las palabras de JESÚS cuando insiste que no nos dejará solos. Ciertamente, su “marcha” o “partida” no es un abandono, sino una transformación y plenificación de la Presencia Divina y Su Obrar TRINITARIO. De ahí que nos anuncia que, lo percibiremos y viviremos, de OTRO MODO: TRINITARIO. Así, nos adelanta la noticia pronta del PARÁCLITO: ¡el ESPÍRITU SANTO! Éste será la PRESENCIA INVISIBLEMENTE VISIBLE Suya en y con la SANTÍSIMA TRINIDAD! ¡Vaya si tiene sentido CRISTOLÓGICO y ECLESIAL, entonces, este SALMO 67…! Como TODOS los SALMOS, debe ser leído, interpretado y celebrado DESDE JESUCRISTO: solamente ÉL echa toda la luz y el significado-sentido, a este y a todos los Salmos. Y con esta óptica, proyección y vivencia, debemos rezarlo, celebrarlo y vivirlo; al igual que al resto del SALTERIO del “Antiguo Testamento”.

Finalmente, como la LITURGIA nos lleva a la vida, este SALMO y esta Solemnidad de la ASCENSIÓN también. Y es el mismo JESÚS el que se encarga de recordárnoslo, cuando nos ENVÍA, nos HACE MISIONEROS, nos LANZA AL MUNDO A EVANGELIZAR, a NO GUARDARNOS LO QUE HEMOS RECIBIDO COMO REGALO, POR SU MISTERIO PASCUAL DE AMOR: PASIÓN, MUERTE, RESURRECCIÓN… y hoy –puntualmente-: ¡ASCENSIÓN! Es infinito lo que se nos ha regalado: el mundo y la Humanidad necesitan de DIOS, y JESÚS nos encomienda la misión de HACERLO PRESENTE VIVO y OBRANTE, CON PALABRAS y OBRAS CONCRETAS.

Contamos con ÉL y con la Fuerza actuante del ESPÍRITU SANTO: ¡hasta que ÉL vuelva nuevamente!

Ya veis, queridos lectores: ¡cuánta maravilla celebramos en esta Solemnidad!… ¡y cuánto nos necesita el mismo DIOS! ¡ÉL espera de nosotros, y no nos dejará!… ¡No perdamos el tiempo!…

Hasta la próxima, amigos.

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