KATHARINE HEPBURN: Yo misma

“Quería descubrir la razón oculta detrás de tanta apariencia”.

(Katharine Hepburn)

Aprendí a amar el Arte gracias a mis padres. Aprendí a amar el leer, vorazmente, también de mis padres. Aprendí a disfrutar, con amor, del Cine también gracias a ellos. Y aprendí a amar este prodigio de actriz, persona y mujer, igualmente gracias a mis padres. Hablo de la maravillosa, complejamente rica y polifacética KATHARINE HEPBURN.

Tengo este libro autobiográfico de ella hace ya muchos años en mi biblioteca. Durante el encierro de la pandemia del COVID 19 decidí leerlo nuevamente, por varias razones: 1) necesitaba de una lectura amena y que me brindara “oxígeno” en medio de la tragedia del Coronavirus; 2) porque me gustan mucho las autobiografías, ya que en ellas podemos “palpar” la misteriosa interioridad de la persona y vida de alguien; de ese fecundo tesoro y legado que son el tiempo con sus canas y arrugas. ¡Los años, queridos lectores! 3) porque he visto todas las películas de esta actriz. Todas. Y las tengo. Y no me canso de verlas muchas veces. Son un patrimonio de la Historia del Cine. Figuran en esa categoría que llamamos CLÁSICOS. Por eso, conviene que nunca olvidemos a “las Katharine Hepburn” que han engrandecido las pantallas y nuestras vidas. 4) porque conociendo y “rumiando” su persona y su vida, siempre me he encontrado con un ejemplo extraordinario de RESILIENCIA, algo de lo que se habla mucho pero se vive muy poco en este mundo tan “avanzadamente modernista”. 5) porque fue la primera MUJER (sí, con mayúsculas) que se “plantó” como tal en un Sistema cinematográfico infectado de machismo y fue ganando “espacio” femenino potente, respetado y amado. Ninguna mujer que se mueve actualmente en todo el espectro cinematográfico sería lo que es y será sin esta “topadora” llamada KATHARINE HEPBURN que arrasó barreras y prototipos, impuso condiciones, impuso todo un estilo y modo nuevo, distinto, de ser actriz y mujer en el campo del Cine y la Sociedad, y abrió el camino para la mujer en la dimensión empresarial, de negocio, de derechos, de Contratos, de diversidad de Oficios en el mundo y la empresa cinematográfica. Y lo hizo sin demagogia ni charlatanería ni soflamas ni perdiéndose en discusiones y conflictos inútiles, espurios e infecundos. Menos aún por ideologías. No le interesaban. Tenía las cosas claras. Era realista, concreta y pragmática. No anduvo en polémicas. Sabía lo que quería y debía hacer, no sólo por y para sí misma sino por y para la mujer en el cine. Y muchas veces le “paró los pies” a más de uno, incluso “elefantes y dinosaurios” de la Industria del Cine. Todo esto lo aclaro desde el inicio de esta publicación porque deseo dejar bien sentado que Katharine Hepburn es una de las Matriarcas o Madres “fundadoras” del FEMINISMO, no sólo en el Cine, pero nunca jamás lo fue ni lo promovió desde una radicalidad, menos aún desde el enfrentamiento y conflicto. Fue feminista pero NO una feminista radical. Nunca jamás necesitó de la ideología ni la postura radical en su Feminismo, para sí misma y las demás. Se imponía por su valía como mujer, por SER ELLA MISMA. Su autoridad y valor femenino venían dados por su catadura talentosa como mujer y actriz. La autoridad se impone por sí misma. No necesita ser proclamada ni reclamada. Convendría que muchas mujeres hoy se plantearan estas cosas, para evitar confusiones, desviaciones y males que –como un boomerang- las golpean y, en lugar de resolver el machismo y sus consecuencias, son un callejón sin salida o un “salir de Guatemala para caer en Guatepeor”. Soy mujer. Amo la identidad femenina y por eso soy Feminista. Pero no soy Feminista RADICAL. Eso no lleva a nada. KATHARINE HEPBURN lo entendió y vivió muy bien a esto. Y por eso también me gustó y gusta siempre. ¡Amo a este MUJERÓN!, desde que yo era una niña pequeña.

Estas 5 razones que he expuesto son por las que re leí su libro y ahora comparto con vosotros algunos trazos.

A sus 80 años, después de toda una vida guardando celosamente su intimidad, Katharine Hepburn nos cuenta toda su vida. Ella más bien prefiere hablar de “contar mis historias” a lo largo de su larga vida. Quería desvelar y compartir qué había detrás y ad intra de ella misma como persona, como mujer. Diríamos: qué había detrás y ad intra de la actriz. Lo que vuelvo a apreciar es que estoy ante una mujer muy talentosa, muy inteligente, versátil, espabilada, fuerte, vital in extremis, luchadora, constante, sencilla, cálida, sincera, seria, profesional, responsable, noble y alegre, aventurera y humana. Con esa fortaleza e integridad de carácter que supo imprimir a sus personajes y que también la hizo superar enfermedades, contratiempos sentimentales y tragedias familiares.

Pero quiero destacar algo que, en el libro y siempre, me ha llamado la atención de KH: fue una mujer de fuertes, profundas, entrañables, estables y perpetuas CONVICCIONES y VALORES. Ellos siempre fueron el soporte y el abrevadero de su personalidad y de su vida. Nunca jamás los abandonó ni los pasó a segundo plano: su familia (castillo interior afectivo para ella. Constante. ¡Qué familia!); sus amistades (verdadero vergel para ella. Siempre tuvo muy buenas, fieles y perpetuas amistades); la relación con su ex esposo (vínculo amistoso que mantuvo siempre); un estilo de vida saludable, natural, metódico, ordenado, exigente, disciplinado, con constantes deportes y actividades físicas y gimnásticas, buena y balanceada alimentación (fue una amante del buen comer y del cocinar); Spencer Tracy (el amor de su vida y por el cual postergó, para cuidarlo durante años, su carrera profesional y vida personal. Hasta la muerte de éste); era creyente y respetuosa de lo religioso, sin ser una mojigata ni santulona; en un Medio tan competitivo y complejo como es el Cine, siempre peleó férreamente por Valores y conductas morales y fue implacable contra muchos vicios, pecados y males del Sistema; KH toda su vida fue muy justa, agradecida, considerada, respetuosa, entrañable, cercana, compañera y amistosa con todas las personas que trabajaron para y con ella, en el mundo del Cine y en su vida privada (en esta última, la acompañaron toda su vida. Ella los trataba y consideraba como familia).

Es destacable el recordar que, en sus comienzos, le dijeron que no valía para el Cine. Incluso, por ser pelirroja, cara angulosa y moteada de pecas como una criatura pequeña, con voz chillona y “de garganta”, todo ello no estaba de moda en la pantalla. No “encajaba” en el prototipo y modelo de actriz de cine. La rebotaron. Pero ella estaba decidida a ser actriz. Se formó en el TEATRO, escuela y amor al que siempre volvió y participó en representaciones. Nunca olvidó a sus Maestros ni a todos aquellos que la ayudaron en esos años y le fueron abriendo camino. Sobrevivió a su primer fracaso cinematográfico y a ese estigma que algunos del Sistema le marcaron: “KH es veneno para la taquilla”. A lo largo de su larga vida como actriz supo adaptarse al paso del tiempo y fue creciendo y madurando, sin prisa pero sin pausa, a pasos agigantados, hasta llegar a una plenitud de madurez vital y profesional, que pudimos contemplar y disfrutar en películas como: De repente el último verano; ¿Sabes quién viene a cenar…?; El león en invierno; La reina de África; El estanque dorado; Las Troyanas… Y el Sistema y todo el universo cinematográfico y el reconocimiento y amor del público la coronaron con 4 OSCAR como Mejor Actriz Principal en 4 memorables películas suyas, a lo largo de su extensa y fecunda carrera. Hasta el día de hoy esto es una proeza nunca alcanzada en el Mundo del Cine.

Si algo también caracterizó a KH, y que lo deja claramente plasmado en su autobiografía, es que nunca cayó en el divismo de Hollywood ni en el mundillo de las Stars System. Siempre fue más bien muy de su casa, hogareña, y no de una vida social, festiva y de excesos como muchos otros del Sistema. Le gustaba vivir tranquila y sencilla y amorosamente, ya sea con su familia o con sus amistades. Nunca fue mundana. Tenía una vida normal y común y corriente en todo lo que le era posible. Administró sabia, astuta y férreamente su fama y consecuencias de eso. De ella siempre se supo lo esencial y conveniente. Y supo campear y convivir, sin perder naturalidad ni libertad, con mentiras, calumnias, cotilleos y habladurías en los Medios de Comunicación y en la opinión pública. Y, ciertamente, en algunos casos se dijeron barbaridades sobre su persona. Ella nunca salió “al rodeo” frente a esas cosas. Siguió siendo ella misma y viviendo como tal.

Esto nos demuestra la madurez que tenía y la catadura de su personalidad. Además, nos confirma una vez más las bases sólidas sobre las que estaba genéticamente formada, por sus padres y herencia familiar. Nunca se prestó a tonterías. Ello también lo enriqueció con un agudo, sólido y objetivo sentido de la realidad. KH era profunda y convencidamente realista. Nunca se engañó a sí misma ni a los demás. Nunca. Siempre fue ella misma. Era conocida por su sinceridad y por no “casarse” con conveniencias inapropiadas. Siempre fue sincera y directa, y ya sabemos cómo funciona eso en nuestro mundo y, peor aún, en un mundo como el cinematográfico. La verdad no suele ser muy bienvenida. Pero ese realismo y objetividad ella no sólo lo aplicó a los demás y al Medio, sino que lo vivía consigo misma, en la intimidad más profunda de su yo. Y en este libro se puede apreciar esto desnudamente ya que, en muchas de sus páginas, KH se confiesa, hace un examen de conciencia, se autoevalúa y, en un gran ejercicio y gesto de transparencia, verdad sincera, desnuda y humilde, de autoanálisis y confesión explícita, reconoce defectos, errores, malas actitudes y conductas con varias personas (incluso las nombra), algunas personas claves en su vida, y muestra arrepentimiento, culpa y pedido de perdón, y rectifica. Y lo hace serenamente, sin torturarse ni armar una tragedia psicológica, pero con su corazón abierto de par en par y arrepentido. ¡Lo está haciendo en este libro: públicamente. Lo leemos! ¡Qué capacidad de autocrítica! Sin nada de divismo. Una lección de humanidad más allá del estrellato y la fama que muchos tenemos que aprender. Vivimos en un mundo donde nadie pide perdón por nada ni a nadie. KH también en esto es PROGRESISTA, ADELANTADA y lleva la VOZ CANTANTE. Solamente las mentes y corazones lúcidos, grandes y con “algo más” son capaces de palabras y actitudes como ésta. Y lo hace sin aspavientos, naturalmente, pero también muy sentidamente. Pero este sentido de la realidad, aplicado a sí misma, también lo extiende en su libro en esos párrafos donde habla y medita sobre la VEJEZ/ANCIANIDAD con su misterioso, purificador, doloroso, contundente, irrefrenable e inevitable PASO DEL TIEMPO y el desgaste y limitaciones que va imponiendo. Detalla sus malestares físicos de anciana: ¡ella que fue tan vital, tan deportista, tan atlética! pero tampoco lo hace trágicamente. No se siente víctima. Vemos una KH como anciana sabia, serena, digna e íntegra. No nos da lástima. Seguimos admirándola y amándola. Y en esta parte de mi publicación deseo agregar algo que también caracterizó su persona y su vida, como mujer y actriz: su REALISMO nunca le robó la esperanza y la dimensión y vivencia de LO POSITIVO. Ello le viene de familia pero también es fruto de su trabajo ascético y de su RESILIENCIA. ¡Qué generaciones resilientes hemos tenido en nuestras vidas y Sociedades! ¡Nuestros ANCIANOS! Lecciones de una postura y lectura existencial en clave de optimismo resistente y esperanzado. Acompañado esto por, como se puede ver en la KH de este libro y de toda su vida, de un espontáneo, natural, rico y maravilloso SENTIDO DEL HUMOR. Y es que KH en muchos pasajes se burla, se ríe, de sí misma. Y, ya anciana y limitada, también pone toques de humor en su realidad.  

Finalmente, esta KH en estado puro no podía cerrar su autobiografía sin despedirse con páginas conmovedoras dedicadas al AMOR, especialmente referidas a SPENCER TRACY. Todo lo que escribe y confiesa en esos Capítulos finales son una verdadera, contundente y entrañable CÁTEDRA DEL AMOR. Son páginas desgarradoras por la intensidad del amor, la ternura, admiración, dedicación, recuerdo, vida compartida y presencia constante, de Spencer Tracy y Katharine Hepburn. Encontramos a una KH “a tumba abierta”, hablando de forma sentida, íntima, profunda, desnuda, conmovedora, tierna, muy personal, sincera in extremis e intensa. Verdaderamente nos toca el alma. ¡¡Son páginas que hay que leerlas, no sirve en absoluto el explicarlas!!

Pues bien, acá termina mi perorata sobre este maravilloso libro. Si podéis, buscadlo y leedlo. Disfrutaréis no sólo lecciones de vida sino VIDA VIVIDA, TIEMPO HECHO EXPERIENCIA EXISTENCIAL. No os aburriréis: es muy entretenido. Y a la vez os hará pensar y sentir muchísimo.

La vida de KH no fue un lecho de rosas ni una eterna alfombra roja. Peregrinó una experiencia vital y artística con mucho dolor también, personal, familiar y profesional. Nos hace tanto bien saber, certificar y sentir que la vida de nuestros famosos y exitosos y talentosos no les fue regalada. Que ¡fueron y son humanos igual que nosotros, aunque el Olimpo los haya coronado!

Hasta la próxima, queridos lectores.

  • KATHARINE HEPBURN. Yo misma.
  • Autora: Katharine Hepburn.
  • Editorial Salvat- Colección Grandes Mujeres- 1995.

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