EN CUARESMA, OREMOS CON LOS SALMOS…

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Uno de los varios males y deficiencias de nosotros, los creyentes, más todavía en los católicos en general, es el paupérrimo (y a veces nulo) contacto, frecuencia, lectura, meditación, conocimiento, formación, adhesión y vivencia de las SAGRADAS ESCRITURAS (LA BIBLIA), y ello se agrava más todavía en lo referente al ANTIGUO TESTAMENTO. Es bastante calamitoso todo esto.

Es grave esto, y por eso también nuestra vida de FE y cristiana, no es todo lo que debe y puede ser. Hay mucha superficialidad, inmadurez, infantilismo religioso, ignorancia, indiferencia, tibieza y mediocridad, y mucho de “fe del carbonero”. Incluso hay mezcla de “churras con meninas” en la religiosidad y cristianismo de muchas personas.

No se trata de que todo el mundo tenga que ser un erudito ni un teólogo ni un biblista. No. Se trata de lo que el Concilio Vaticano II llama: “FE ILUSTRADA”. Fe unida a la razón. Fe sólidamente fundamentada y alimentada. Sino, la experiencia religiosa y cristiana son débiles, inconstantes, incoherentes, confusas, subjetivas, superficiales y no convincentes (para uno mismo y los demás).

Una de las consecuencias de esto es que se suele “fabricar” muchas oraciones, modos-estilos de oración, rezos y prácticas espirituales… ¡siendo que en la BIBLIA tenemos los SALMOS y los CÁNTICOS que ya rezaba y cantaba –y bailaba- el Pueblo de Israel; que JESUCRISTO rezaba, conocía y vivía; que la Iglesia –desde siempre- ha seguido rezando y cantando, sobre todo en el REZO de la LITURGIA de las HORAS!

En esas páginas de las SAGRADAS ESCRITURAS tenemos todas esas maravillosas y fecundas oraciones ¡desde hace milenios!

¿Con qué sustenta y nutre, la mayoría de los creyentes, su vida de oración?… ¿Por qué no recurre a la PALABRA de DIOS para REZAR CON y POR ELLA?… ¿Por qué no se hace amiga y “adicta” a REZAR CON LOS SALMOS y CÁNTICOS BÍBLICOS?… ¡No hay mejor ni más rica oración que ésa!

En estas publicaciones, pues, os propondré SALMOS también, como LECTIO DIVINA y como compañía para seguir peregrinando y “rumiando” interiormente, hacia la esencia de esta CUARESMA: la ¡PASCUA de JESUCRISTO!

SALMO 85 (86)

“Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy un pobre desamparado; protege mi vida, que soy un fiel tuyo; salva a tu siervo, que confía en Ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor, que a Ti te estoy llamando todo el día; alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia Ti; porque Tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan.

Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo, y Tú me escuchas. No tienes igual entre los dioses, Señor, ni hay obras como las tuyas…

Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad; mantén mi corazón entero en el temor de tu Nombre. Te alabaré de todo corazón, Dios mío; daré gloria a tu Nombre por siempre, por tu gran piedad para conmigo, porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí, una banda de insolentes atenta contra mi vida, sin tenerte en cuenta a Ti.

Pero Tú, Señor, Dios clemente y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal, mírame, ten compasión de mí.

Da fuerza a tu siervo, salva al hijo de tu esclava; dame una señal propicia, que la vean mis adversarios y se avergüencen, porque Tú, Señor, me ayudas y consuelas”.

¿Rezasteis?… ¿Cómo os sentís?… Espero y deseo que esta experiencia sea muy fecunda. Lo seguiremos haciendo en otras publicaciones.

Los Salmos y Cánticos son milenarios, y son el resultado de la experiencia humana de Israel, salvado siempre por su Dios, en medio de mil vicisitudes complejas y dolorosas, pero siempre salvíficas. Son la puesta por escrito –por inspiración divina- de siglos de vivencias existenciales y religiosas, en y por las cuales siempre se da la misma certeza: DIOS ES DIOS y, por eso, ÉL siempre “escribe derecho en renglones torcidos”, y lo hace siempre no a pesar de los Hombres, sino con los Hombres.

Esto es lo que Israel vivió, y por eso lo rezó, cantó, celebró y bailó hasta nuestros días. Y esto es lo que JESUCRISTO también hizo. Y esto es lo que la Iglesia lleva más de dos mil años, haciendo también. Por ello, los SALMOS y CÁNTICOS de la BIBLIA son ORAR CON LA VIDA; ORAR CON, POR, EN y PARA DIOS; ORAR CON y EN EL TIEMPO, LA HISTORIA y EL HOMBRE. Por eso es que ¡nunca pasan de moda ni están descolocados! ¡Son eternamente actuales! Y ¡cada uno de nosotros podemos –y estamos invitados- a rezarlos, cantarlos y celebrarlos, desde ellos, sintiéndonos dentro de ellos, hablando a Dios con y por ellos, identificándonos en cada versículo salido de nuestra boca y en nuestra mente, corazón y alma! Y… ¡qué “ideales” son para rezarlos y cantarlos en estos tiempos TAN oscuros, dolorosos, difíciles, inseguros y apocalípticos que vivimos! ¡En ellos “late” también UCRANIA… la Humanidad entera! ¡Estamos rezando con y por ellos!

Recemos y cantemos estas obras -inspiradas por Dios y fruto de la experiencia humana- rezando y cantándolas con y en JESUCRISTO y la IGLESIA, sintiéndonos unidos a ellos, y con un corazón universal, que lo abraza todo y a todos.

Hasta la próxima, amigos.

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